El stress crónico, la tiranía de los cuerpos magros así como factores psicológicos individuales y familiares favorecen, de la mano de profesionales proclives a rrparir recetas de manera generosa, el aumento del consumo indiscriminado de medicamentos para adelgazar o disminuir la ansiedad. Contrariamente a la tendencia actual, estos psicofármacos deberían estar sólo indicados en casos muy precisos, diagnosticados y supervisados por médicos idóneos porque, de lo contrario, el remedio puede ser peor que la enfermedad.