Desde la Antigüedad, la comunidad científico-médica considera que el deporte de elite no es saludable. El médico-filósofo Galeno ýque ya entonces recomendaba la práctica de ejercicio regular como hábito saludable- pensaba que los atletas de elite de aquella época morían antes de llegar a viejos (1). Y, de hecho, un poeta inglés (Browning) cuenta que el soldado Feidípides (al que podríamos considerar como el primer maratoniano de la historia) sufrió un fatal episodio de muerte súbita cardiaca poco después de recorrer a pie, con armadura y todo, la distancia de cerca de 40 km que separa la cuidad de Maratón y de la de Atenas para anunciar la victoria de las tropas griegas sobre los persas en la famosa batalla de Maratón (2, 3). A pesar del carácter eminentemente legendario y posiblemente poco real de esta historia, refleja el carácter de inaccesibilidad e incluso de peligrosidad que se le suele otorgar al ejercicio extenuante ("alto rendimiento") en general.