La mirada de la ciudad que se pretende hacer a través de este trabajo va encaminado a mirarla desde los usos que hacen los habitantes de sus espacios y a explorar cómo "se crean nexos con el territorio de una manera completamente independiente de la posesión física, económica o legal, lo que implica apropiarse tanto de las virtudes y posibilidades, como de la problemática misma del lugar para socializar en ese territorio surgido a partir de su valor de uso". De esta manera se evidencia que una urbe sin valor de uso no tiene ningún sentido práctico ni real. Por esto, las ciudades son día a día reformuladas por sus habitantes, que ven la necesidad de hacer sus espacios más útiles, polifacéticos, y buscan a través de prácticas, intercambios, relaciones, rituales y simulacros (trasgresión nacida del deseo capaz de dar existencia) esos "otros usos" que no están escritos en decretos ni cartillas, pero sí inscritos en la cotidianidad.