La mayor parte del tiempo, las personas vivimos momentos que implican despedidas, desde los más sencillos en apariencia, como despedirse por la mañana para realizar labores cotidianas hasta momentos trágicos como la muerte, separación o ausencia de un eer querido. Regularmente no estamos preparados para la perdida como tal, es decir, consideramos que la vida y las situaciones son hasta cierto punto permanentes y que si ocurriera una tragedia no sabríamos que hacer, ni con quien acudir.