La Literatura Infantil y Juvenil ha conocido un gran auge en las últimas décadas. El número de editoriales dedicadas exclusivamente a la edición de libros infantiles ha crecido de modo espectacular. También han proliferado las colecciones dedicadas a la literatura para los niños y jóvenes en los catálogos de las editoriales generalistas.
Esta realidad, lejos de suponer para los lectores únicamente la ventaja de la abundancia, esta realidad en muchas ocasiones y en ciertos contextos se convierte en un auténtico problema. Así, el mediador profesional −maestro, bibliotecario, animador− puede sentirse perdido ante tal océano de posibles lecturas y mostrarse incapaz de nadar hacia una playa satisfactoria para sus alumnos, los usuarios o el público infantil en general.