Caminar a cuatro patas no sólo significa ganar en movilidad. Aunque tu bebé no se dé cuenta de ello y él simplemente disfrute yendo de aquí para allá como un correcaminos, en el interior de su pequeña cabecita están ocurriendo cosas muy emocionantes. El gateo favorece la relación entre los hemisferios cerebrales y prepara la vista y la mano para la fascinante aventura, no muy lejana, de aprender a leer y escribir. Increíble, ¿no? La importancia del gateo va mucho más allá de una simple mejora en la movilidad del bebé. Su conexión con el desarrollo físico e intelectual del pequeño lo convierten en un factor clave que implicará y marcará el desarrollo de sus aprendizajes escolares y extraescolares, entre otras muchas cosas. A nivel corporal, desarrolla la estructura de todo el cuerpo, desarrolla la sensibilidad táctil de los dedos y la palma de la mano y proporciona una mayor capacidad respiratoria. A nivel neurológico, favorece la interrelación de los dos hemisferios cerebrales. Y a nivel visual permite la coordinación entre el ojo y la mano, ejercita la visión binocular, la visión estereoscópica o tridimensional, la convergencia y la focalización correcta de los objetos y la visión periférica. En resumen, el gateo es la clave de una serie de operaciones cerebrales muy complejas que después nos permitirán aprender a leer y escribir con mucha mayor facilidad, evitando así muchos problemas de fracaso escolar que tienen su origen en dificultades oculares de convergencia, focalización y visión estereoscópica que unas buenas dosis de arrastre y gateo pueden ayudar a corregir.