A través del juego nuestro bebé descubrirá su propio cuerpo y el vuestro; aprenderá las nociones de tiempo, espacio, formas, colores y desarrollará su afectividad, sus relaciones con el prójimo, su personalidad y su inteligencia. Por eso algunas personas han dicho que "jugar es el oficio del niño", ya que es gracias a él, que el niño se descubre a sí mismo y al mundo que le rodea. Un niño feliz es un niño que juega. El bebé aprende pronto lo agradable que es, y nosotros, como padres, debemos motivarlo y dejar que juegue y se exprese a sus anchas. Es a través del juego, que nuestro hijo aprenderá a conocer el mundo. Los padres: el primer juguete del niño El bebé pronto descubre que sus papás son una fuente inagotable de diversión y le gusta que le canten canciones y que le hablen con grandes sonrisas y muecas. Luego comienza a tocarnos los mofletes o tirarnos del pelo. Hay muchas situaciones cotidianas que podemos aprovechar para motivarlo y divertirle. El cambio del pañal. El momento del baño. El masaje del cuerpo. Estar con "el culito al aire"; el bebé disfruta mucho estando un rato con el cuerpo desnudo. Chupar objetos y juguetes que sean adecuados. Los juegos sensoriales que tengan que ver con los gustos, los sonidos y las texturas. El recién nacido y el descubrimiento del propio cuerpo. El juego en solitario El bebé pronto se da cuenta que su propio cuerpo es una fuente de diversión increíble. La exploración de su propio cuerpo lo llevará a conocerlo cada día mejor y una vez sienta que lo conoce y controla más o menos, entonces empezará a experimentar con aquellas cosas que tiene alrededor. Es importante saber que el bebé se lanza a descubrir o a experimentar algo cuando se siente preparado. Juegos con moralejas importantes Juegos muy sencillos y repetitivos, que esconden grandes enseñanzas. El juego del "cu-cu" o del "¿Dónde estoy?". El juego del "¡Ay, que te caes!".