Los primeros años de vida de nuestro hijo son los más importantes y decisivos. ¡Aprenderá más en dos años que un universitario durante toda su carrera! Explorar significa mucho más que aprender. Significa descubrir, investigar, madurar, adaptarse a un entorno y, en definitiva, desarrollar la inteligencia. Y nosotros tenemos la oportunidad de ofrecerle todo un mundo de sensaciones. Nuestro hijo es un bebé muy despierto que se interesa por todo lo que ve. Ha nacido dotado de un conjunto de reflejos que, a medida que vaya creciendo, se convertirán en actos voluntarios que le ayudaran a conocer su entorno y ser más autónomo. Durante los dos primeros años de vida, será capaz de pasar de ser un ser prácticamente indefenso a una persona con un grado de autonomía muy importante. Conocer el mundo le ayudará a desarrollar su inteligencia. Como padres, debemos proporcionarle un ambiente rico, actividades adaptadas cada edad, donde nuestro hijo pueda explorar, y así conocer colores, formas, texturas, tamaños, materiales, gustos, olores, sonidos, etc... Relacionando los materiales y explorándolos estará sentando las bases del pensamiento lógico-formal. Las prohibiciones constantes obstaculizan su curiosidad y frenan sus ansias de exploración y, por tanto, de progreso. Es una etapa caracterizada por la actividad y debemos tenerlo en cuenta para no abusar del tajante "no". Permitamos que se arriesgue, que descubra y que se equivoque para poder buscar soluciones por sí mismo (seguridad en casa). Adoptemos una actitud vigilante sin sobreprotegerlo, animándole a superar pequeños desafíos y a confiar en sus propias capacidades. Para ello, debemos proporcionarle un lugar tranquilo, con el tiempo suficiente para explorar, sin poner límites para que hagan lo que nosotros creemos que es importante.