Desde pequeños, nuestros hijos han vivido la Navidad con enormes dosis de ilusión y, sin embargo, al llegar a la adolescencia se dejan ganar por el desencanto y la apatía. No tienen ganas de celebrar nada sino que más bien se muestran contrariados. Siempre tienen a punto un "yo paso de este rollo", y cuando les pedimos un poco de entusiasmo nos responden con una cara larga. ¿Qué podemos hacer para que no se vuelvan indiferentes a la magia de unos días únicos en el año?
Cuando se acercan las fiestas de Navidad es posible que nuestros hijos adolescentes adopten una actitud indiferente e incluso despreciativa. Es importante entonces no caer en el reproche y la presión. Tratemos de dar la vuelta a dicha actitud implicándoles en los preparativos, dándoles alguna responsabilidad y haciendo que sientan ilusión, por lo menos por alguno de los aspectos de las fiestas. Abrir la celebración a los amigos de nuestros hijos, implicarles en la preparación de la decoración o del menú y comprar regalos que realmente satisfagan sus gustos son algunas de las alternativas que propone este artículo para conseguir que los adolescentes se ilusionen con las fiestas familiares por excelencia.