Los factores hereditarios y los malos hábitos pueden provocar la mala alineación de los dientes de nuestro hijo. De la misma manera, alguna caída imprevista o pequeños accidentes del día a día pueden hacer que algún diente se rompa por el camino. La prevención y la visita al dentista pueden solucionar algunas de estas dolencias o evitar posibles complicaciones.
Las maloclusiones o dientes mal alineados pueden tener una causa hereditaria, como un diente congénito, o estar causadas por hábitos, como la succión del pulgar o del chupete, o por la pérdida prematura de un diente de leche.
Para solucionar la mala alineación de los dientes, la ortodoncia ha evolucionado especialmente en tratamientos precoces.
Ante un traumatismo dental debemos evaluarlo siempre y tratarlo lo más pronto posible para evitar el dolor innecesario, las posibles complicaciones y, en ocasiones, salvar el diente. Si un diente de leche se avulsiona no debe reimplantarse. En cambio, si el diente es definitivo se intentará reimplantar en el alveólo y se acudirá rápidamente a la consulta dental.
El chupete y el hábito de succionarse el pulgar provoca deformaciones en los maxilares y las arcadas dentarias, que serán variables en función de la frecuencia, duración e intensidad del hábito.