Alrededor de los 3 o 4 años, la mayoría de niños y niñas descubrirán zonas de su cuerpo que les producen una especial sensación de placer y es por ello que, poco a poco, y con mayor o menor asiduidad, comenzaran a tocarse sus genitales a la búsqueda precisamente de esta sensación placentera, comportamiento ante el cual son muchos los padres y madres que se inquietan y que no saben como actuar: ¿hay que reñirles?, ¿hay que distraerlos?, ¿se debe consentir esta conducta?
Afortunadamente hemos dejado atrás la época en que algunos padres y madres amenazaban a sus hijos cuando los sorprendían tocándose los genitales. Actualmente la mayoría de padres comprenden que ésta no es la conducta a seguir, pero en muchos casos tampoco saben muy bien qué deben hacer en esta situación. Por un lado piensan que es normal que su hijo o hija juegue con su cuerpo y descubra el placer pero, por otro, no saben si este tipo de juegos va a ser perjudicial o debe tener un límite.
En general, los niños y niñas se tocan por placer, por aburrimiento y también por curiosidad; niños y niñas exploran su cuerpo y aprenden de las diferentes sensaciones que éste les produce. Ello no debe conducirnos a pensar que niños y niñas se tocan 'por vicio' o de una manera perversa, en el sentido que le damos los adultos a esta palabra. Más bien todo lo contrario: la necesidad de conocer y explorar el propio cuerpo es connatural al mismo proceso de crecimiento, y esta exploración se desarrolla en mayor medida cuando la actividad produce una cierta dosis de placer.
Los niños y las niñas aprenden y viven su sexualidad como algo normal en la medida en que los adultos también la asumimos con normalidad: no como algo sucio o feo, sino como algo que forma parte del correcto proceso de crecimiento de cualquier individuo y que le va a permitir incorporar progresivamente una serie de actitudes, comportamientos e informaciones que le ayudarán a desarrollarse como un ser sexuado, sano y con capacidad de disfrutar como adulto de una vida sexual gratificante.&