"Papá, ¡el niño sale volando!". Contamos un cuento a nuestro hijo y nos hace gracia que todavía confunda realidad y fantasía. Ahora tiene cuatro años y está en pleno desarrollo de su inteligencia. Su imaginación parece ilimitada, y también la confianza en los padres, seres omnipresentes que pueden solucionar cualquier problema de su vida. De hecho, imitando a los padres empezará a identificarse con las situaciones reales. Conocer cómo razona nuestro hijo y cómo interpreta el mundo que le rodea nos servirá para ayudarle a crecer.
Nuestro hijo de 4 años es más independiente que antes, empieza a sentirse como alguien distinto al resto de las personas. Aunque todavía cree que sus padres lo saben todo, empieza a relacionarse en otros entornos (sobre todo escuela) donde recibe la influencia de profesores y compañeros.
Desarrolla una creciente habilidad para hacerse entender mediante el uso del lenguaje. Su gran curiosidad lo llevará a formular continuamente preguntas para aprender nuevas cosas, aunque muchas veces hablará solamente por el placer que le produce el lenguaje.
El colegio o el parque son lugares donde se relaciona con otros niños mediante el juego. Es entonces cuando comienza a compartir los juguetes, espera su turno cuando el juego lo requiere y empieza a aprender que no todos piensan como él.
A los 4 años el niño tiene una gran actividad motriz: salta, corre, trepa, brincaý Le encanta realizar pruebas en las que pueda demostrar sus grandes habilidades físicas, y cuando juega con los otros niños no dejará de realizar proezas que demuestren su capacidad física.
Le gusta realizar actividades sin ayuda de nadie: peinarse, vestirse, ir al bañoý porque se siente más autónomo. Los padres ya no tienen que estar tan pendientes de él, aunque ahora hay que guiarlo para que aprenda a hacer las cosas correctamente.