El niño hiperactivo tiene dificultades para mantener la atención y concentrarse, es inquieto, no para de moverse en la silla y habla hasta cuando no toca. Simplemente, no puede controlarse. A veces, este comportamiento repercute en el rendimiento escolar. La inmersión en las rutinas del colegio suele poner en evidencia este trastorno que, en ocasiones, crea problemas de adaptación social y de aprendizaje.
Hay niños revoltosos, nerviosos y movidos, pero a veces detrás de un niño que no para se esconde un problema que preocupa a muchos padres: el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), de origen neurobiológico y caracterizado por una falta de concentración, impulsividad y/o hiperactividad excesiva o inapropiada.
Estas características son normales en cualquier niño, pero en el caso de los niños con TDAH se dan con mucha mayor intensidad y frecuencia y pueden interferir en su proceso de aprendizaje y/o en sus relaciones sociales. Y es entonces cuando se convierte en problema.
Un buen diagnóstico será fundamental para que padres y maestros acompañemos al niño con TDAH durante esta etapa escolar e intentemos evitar la aparición de estos problemas asociados.