Moverse es una necesidad fisiológica en todas las edades de la vida del ser humano. Y cuanto más joven es la persona, más necesidad tiene de moverse y más beneficios físicos y psicológicos obtiene. Por eso es tan importante que nuestro hijo se mueva a sus anchas y pueda desarrollar todas sus capacidades motrices. Esta actividad también favorecerá su autoestima, la autonomía y la seguridad en si mismo.
Empezar a practicar un deporte entre los 7 y los 10 años es, quizá, un poco tarde, ya que a esta edad muchos chicos presentan una serie de deficiencias generalizadas en lo que consideramos destrezas básicas. Estas carencias podrían responder a determinadas diferencias personales, pero fundamentalmente aparecen por una pobre o nula estimulación en edades tempranas.
Hoy en día existen numerosos factores que limitan el desarrollo motriz de nuestros hijos:
Drástica reducción del tiempo libre.
Reducción progresiva de los espacios libres.
Desaparición de la autolocomoción.
Sobreprotección de los hijos por parte de sus padres.
Juegos y diversiones "estáticas".
Para desarrollar una actividad física en edades tempranas es necesario adaptar la metodología a la edad de los niños. Se debe permitir al niño decidir, improvisar y/o repetir los ejercicios que más se ajustan a sus preferencias y características. De este modo se consigue que participe de una forma activa y libre en los ejercicios y que se sienta capaz de alcanzar los "grandes retos" que él mismo va planteándose durante la sesión.