Nuestro hijo ya sabe lo que es acudir a una función matinal o a un espectáculo de títeres pero ha alcanzado una edad en la que sus centros de interés están cambiando: le importan las cuestiones de actualidad, le gusta estar presente en las conversaciones de los adultos, etc. Una buena manera de estimular esta creciente amplitud de miras es permitirle realizar actividades culturales que hasta ahora nos estaban exclusivamente reservadas. Podemos, por ejemplo, llevarle al teatro.
Además de favorecer la vida familiar, de fomentar la comunicación y de permitirnos compartir con nuestro hijo un momento de ocio diferente, ir al teatro es una experiencia cultural y artística que le brindará la oportunidad de adentrarse en un universo y un lenguaje visuales, enriquecerse intelectual y emocionalmente y conocer otra forma de ocio.
Pero para lograrlo debemos:
Ponerlo en situación de lo que es el teatro.
Explicarle qué es lo que va a ver.
Darle unas pautas básicas de comportamiento.
Escoger una buena obra
- Son altamente recomendables el teatro gestual, de máscaras, los espectáculos de Commedia dell Arte, Molière o las propuestas de teatro plástico o musical contemporáneas.
- Hay que ir con cuidado con el teatro del Siglo de Oro español, Shakespeare, García Lorca o clásicos contemporáneos como Beckett, Brecht, Sartre, Ionesco.
- Evitemos por completo las tragedias griegas u otros clásicos de la Antigüedad, Chejov y los bodevilles contemporáneos.
Después de la función, para recoger los frutos de la experiencia, trataremos de recordar, valorar y criticar constructivamente lo que hemos visto y, si se da el caso, ampliaremos conocimientos sobre los temas que envuelven el espectáculo.