La llegada del verano, las vacaciones en la playa o en la montaña, las fiestas, las salidas nocturnas son un ambiente propicio para divertirse y hacer nuevas amistades y, sobre todo, en el caso de los más jóvenes, la ocasión para su primer amor. Todos hemos tenido un romance veraniego, pero... ¿Qué ocurre cuando el enamorado es nuestro hijo? ¿Cómo debemos actuar?
La finalización del curso escolar, con el consiguiente agobio de deberes, exámenes, horarios y actividades extraescolares, supone para los chicos un momento de liberación y les abre las puertas a unas vacaciones de verano en las que dar rienda suelta a sus ganas de divertirse y hacer nuevas amistades.
El veraneo en el cámping, en el apartamento o en la casa del pueblo da más facilidad para salir por la noche, encontrarse en una discoteca o en un parque, acercarse a ese chico o esa chica que han visto en la playa o en la piscina y comenzar un "ligue", una relación que puede desembocar en un romance.
Seguro que todos recordamos algún amor de verano y ahora son nuestros hijos los que están pasando por esa situación. De repente y en muy pocos días, conocen a alguien del otro sexo con quien se produce una química especial que les atrae hasta el enamoramiento.
Para los jóvenes, aunque no lo reconozcan, es muy importante ese primer amor ya que se convierte en la primera persona ajena al ámbito familiar que los quiere y hace sentirles únicos; alguien con quien se entienden y comparten sentimientos difíciles de tratar con sus padres; el momento de los primeros besos y, también, una conquista de la que poder hablar con sus amigos/as.