Todo ser humano, allá donde viva, tiene necesidades fundamentales en común, por ejemplo, comer, tener una casa donde vivir, tener acceso a los centros sanitarios, tener identidad e instrucción, poder expresarse y recibir cariño. Por el simple hecho de ser persona, cada individuo tiene derecho a ver sus necesidades satisfechas de la manera más apropiada según su propio desarrollo.
La justicia es imprescindible para el desarrollo tanto de los individuos como de las comunidades y de los países. Pero el aprendizaje de la justicia social exige que los alumnos se den cuenta de cómo los problemas de justicia pueden afectar a sus propias vidas y su entorno inmediato: casa, escuela o comunidad. También exige que los alumnos sobrepasen reacciones de culpabilidad, de reprobación o de resentimiento para poder llegar a un compromiso activo que promueva la justicia y la igualdad a todos los niveles: personales, institucionales, nacionales o mundiales.
La educación y el trato que brindemos a nuestros hijos tendrá mucho que ver con su concepción de la justicia. Vivir en un ambiente que apueste por el diálogo, la confianza mutua y el trato de calidad, será la mejor lección para enseñar a nuestros hijos a valorar la justicia y a dar y recibir un trato justo en sus relaciones con los demás.