Muchos niños, independientemente de su edad, vinculan imágenes de violencia a la palabra "conflicto": bombas, asesinos, escopetas, guerra, enemigos, combatientes, agresores, gritos, ira, odio... Muchos adultos hacen las mismas asociaciones, y los profesores, cuando desean tratar problemas de conflictos con sus alumnos hablan primero de guerra y de conflictos armados.
Para los niños y los jóvenes es urgente entender que la violencia no es necesariamente el resultado de un conflicto. La violencia no forma parte de la naturaleza humana sino que es una respuesta aprendida, y si la violencia se puede aprender, existen otras respuestas posibles que también se pueden aprender.
La educación puede ayudar a los alumnos a tener una visión más amplia de los conflictos, explorando tanto situaciones de violencia como conflictos que ocurren inevitablemente entre la gente en cuanto a ideas, valores, posiciones y perspectivas sobre una gama de problemas. Son estos tipos de conflictos los que, cuando no se tratan de manera constructiva, explotan a menudo en violencia.
Es imposible que cualquier iniciativa educativa pueda eliminar todos los conflictos, ya que forman parte de la vida. Pero las escuelas pueden ayudar a los jóvenes a aprender que se puede y se debe elegir entre diferentes maneras de reaccionar ante un conflicto.
Los padres también podemos aportar nuestro granito de arroz para educar en la paz: la educación por la paz se consigue, en un porcentaje muy alto, educando de forma pacífica.