Cuando un hijo trae a casa el boletín de notas plagado de "Necesita Mejorar" en Primaria o de suspensos en Secundaria, cualquier padre o madre se lleva un gran disgusto. ¿Es entonces el mejor momento para poner remedio? ¿Son buenas las soluciones drásticas e inmediatas?
En primer lugar apuntaremos una serie de conductas muy frecuentes pero que resultan ineficaces e incluso perjudiciales, tanto para mejorar los estudios como para la autoestima del estudiante.
Los grandes castigos y los grandes gritos.
La humillación o el insulto.
No hacer nada después de los grandes gritos.
No valorar el esfuerzo de nuestro hijo.
¿Qué debemos hacer?
Si hay comunicación entre padres e hijos ha de haber sinceridad y aceptación para buscar las causas y los remedios.
Los padres debemos escuchar a nuestros hijos y saber leer entre líneas para tratar de averiguar por qué le gusta tan poco estudiar.
La ayuda de los maestros y profesores suele ser muy valiosa siempre que los padres vayamos con una actitud adecuada. Después los padres hemos de hacer los deberes a que nos hemos comprometido.
Proporcionar técnicas de estudio. Muchos fracasos escolares sólo esconden una falta de habilidad para el estudio, que se puede solucionar con la ayuda extraescolar de un profesional.
Tener clara la vocación profesional es la principal fuente de motivación del adolescente. Una buena orientación profesional puede dar buenos resultados.
Dar responsabilidades a los hijos en casa desde que son pequeñitos. Los alumnos que colaboran en casa suelen tener más éxito en los estudios que aquellos que no hacen nada.
Ayudar a los hijos a hacer los deberes en casa, valorando el trabajo individual que nuestro hijo ha de hacer fuera de la escuela.