Para que los niños tengan un buen desarrollo emocional, necesitan sentirse queridos y cuidados por sus padres; sin embargo, un exceso de protección puede traer más problemas que ventajas.
Actualmente, muchos padres han pasado de un modelo de paternidad exigente, autoritaria y distante a otro mucho más protector.
Si bien es cierto que los niños necesitan del cariño de sus padres para sentirse seguros y queridos, el estar absolutamente pendientes de ellos, convirtiéndolos en el centro de todas nuestras atenciones, da como resultado una sobreprotección que pone en peligro su desarrollo.
Los padres sobreprotectores tienden a:
Disculpar todos los errores y tropiezos de sus hijos poniendo las culpas en compañeros y maestros.
Evitarles situaciones que piensan pueden resultarles conflictivas o difíciles de resolver.
Anticiparse a las demandas de sus hijos, procurándoles todo tipo de juguetes, atenciones y distracciones antes de que ellos mismos las soliciten.
Fomentar conductas más infantiles de las que corresponden a su edad.
El resultado de este tipo de relación es que los niños tienen poca seguridad en sí mismos, una baja autoestima, una gran dependencia de sus padres, muchas dificultades a la hora de tolerar las frustraciones y se convierten en pequeños insaciables que no saben valorar nada de lo que tienen.