Cuando escribí el artículo "Algunos apuntes sobre diseño", en agosto de 2000, recibí numerosos comentarios. Por un lado, los amigos y conocidos vinculados al diseño, que criticaron duramente el llamado a no utilizar a discreción las nuevas tecnologías, el llamado a un diseño casi Franciscano. Por otro lado, recibí algunos mensajes de aliento y algún comentario del estilo: "usted me ayudó a decir que no a esa introducción Flash que mi diseñador le quería poner al sitio. Realmente yo no me animaba a decirle que no, y su artículo me dio los argumentos y la fuerza".