Denominados como los Defensores de la verdadera Fe, el ejército de Dios, la milicia de Cristo..., según Marion Melville habría 2 autores a los que hacer referencia cuando se habla del origen de los templarios:
Guillermo de Tiro
Jacobo de Vitri
Este último no deja de copiar a Guillermo de Tiro pero como obispo de Acre realiza alguna que otra aportación novedosa consecuencia del contacto directo con los templarios. Jacobo relata:
"Ciertos caballeros elegidos de Dios y ordenados para su servicio renunciaron al mundo y se consagraron a Cristo. Mediante votos solemnes pronunciados ante el patriarca de Jerusalén [Gormondo, francés de Amiens], se comprometieron a defender a los peregrinos contra bandidos y ladrones, a proteger los caminos y a constituir la caballería del Rey Soberano. Observaban la pobreza, la castidad y la obediencia, según la regla de los canónigos regulares. Sus jefes eran dos hombres venerables, Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer. Al principio, no fueron más que nueve los que tomaron tan santa decisión y, durante nueve años se vistieron con ropas de seglar, que los fieles les daban como limosna. El rey, sus caballeros y el señor patriarca se llenaron de compasión por estos hombres nobles que lo habían abandonado todo por Cristo y les concedieron ciertas propiedades y beneficios para atender a sus necesidades y por el alma de los donadores. Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar o que les perteneciera, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo [Temple en francés] del señor. El abad y los canónigos regulares del Templo les dieron un terreno no lejos del palacio para su servicio, y por este motivo, se les llamó más tarde templarios".