Hay ruidos en la ciudad, manchas de pintura, paredes tachadas una y mil veces. Hay gritos silenciosos, amenazas nocturnas y desesperados mensajes en una botella. Hay dibujos de penes descomunales, lenguas en tres dimensiones, dedos en posición del consabido "fuck you". Las paredes están en el límite de lo público y de lo privado. Los graffiti tambien. Pero mientras las primeras defienden la intimidad y la propiedad privada, los graffitis la transgreden, la toman por asalto, la desnudan. Por años fueron madurando en las paredes de los baños públicos, en los vagones de los trenes, en los billetes, en los paragolpes de los camiones. Fuera de allí no tenían legitimidad, no podían competir con la pintada política, con la publicidad en general.