A principios de la década de los 60 la comparación de siete poblaciones europeas determinó que en Creta la incidencia de cardiopatía coronaria era la más baja. La dieta cretense era pobre en grasas saturadas y rica en aceite de oliva, por lo que los investigadores plantearon la hipótesis de que éste tuviera efectos beneficiosos sobre diversos factores de la cardiopatía coronaria
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