Se aboga por la prolongación de la vida útil de las cosas como la mejor forma de reducir los residuos que ahora se amontonan en nuestras casas, calles y vertederos.
Si bien es cierto que cuando un material ha terminado su vida útil es preciso reciclarlo, también es cierto -y necesario- que la vida útil de las cosas sea lo más larga posible.
En este campo, como en muchos otros, además de contribuir a que las administraciones públicas realicen su labor específica, la ciudadanía dispone de un poder directo que ha de utilizar. Somos las personas, las consumidoras y los consumidores finales, quienes compramos y consumimos, quienes elegimos y decidimos.
Contenidos
Introducción
El acto de consumir
La basura de la globalización: reciclar no siempre es lo mejor