Si partimos de la base de que la sociedad de la información o del conocimiento la conforman sólo unos pocos países desarrollados, veremos que estos conceptos se utilizan demasiado a menudo con mucha ligereza, ante una realidad mundial aterradora. En Cataluña, por ejemplo, todavía no podemos hablar de sociedad de la información. Por un lado, la formación en las tecnologías de la información no llega a todas las capas de la población y sería preciso fomentarla más en las escuelas y entre la población de mediana edad, con mucha vida laboral por delante. Por otro, las organizaciones y la Administración pública en particular, con un sistema anquilosado y poco innovador, no ayudan a garantizar la igualdad de acceso a la información. En esta nueva sociedad del conocimiento, en que el capital intelectual desempeña un papel clave, la Red gana poder día a día y los cambios se suceden de forma más rápida, los profesionales de la información tienen unos nuevos ámbitos de trabajo, con unas funciones que han pasado de la catalogación de documentos a la consultoría en las empresas, gestionando las tecnologías de la información con el fin de ahorrar tiempo.
Dentro del ámbito del Colegio de Bibliotecarios-Documentalistas de Cataluña, a lo largo de la historia se han hecho muchos esfuerzos para evolucionar. En estos momentos, el objetivo básico es renovar la imagen de los profesionales de la información, mediante una decidida campaña de información, abrir nuevas oportunidades profesionales e intentar que los mismos profesionales adquieran nuevos compromisos para con las organizaciones donde trabajan y para con la sociedad.