Debe haber pocas cosas que dañan tanto la autoestima como mirarse de perfil en el espejo. Y si bien en algunos casos esas protuberancias que se empeñan en salir de la cara, pueden ser resaltadas como un rasgo de la personalidad (pensemos en Rossie de Palma, la célebre chica Almodóvar, por ejemplo), las irregularidades del rostro hacen que muchas personas se transformen en lo que en la Argentina se llama, carne de diván: concurren al psicoanalista para resolver sus complejos.