Los alimentos transgénicos, antes de llegar al mercado sufren una serie de evaluaciones rigurosas (realizadas por comités independientes) sobre su seguridad alimentaria y sus cualidades nutritivas, de tal modo que se puede decir que estos controles son, en general, más severos que los que se emplean en otros productos alimenticios. El objetivo de estos estudios previos es asegurarse de que como mínimo, no se altera el nivel de seguridad del producto convencional del que deriva el transgénico. En la Unión Europea, tales cuestiones están reguladas por la Directiva EC 258/97, a la que se amoldan las leyes nacionales.