Parece necesario en la historia de la filosofía que en ciertas épocas se detengan los espíritus a contemplar las grandes figuras consagradas por los tiempos, como si por vez primera fueran descubiertas, y conquistar de esta suerte un punto común de partida. Entre todos los pensadores modernos que han precedido a Kant, acaso no exista uno que no haya ejercido esta especie de atracción entre ciertas tendencias contemporáneas. Quizá también ha llegado ya el momento de profundizar en Kant una filosofía que sólo muy pocos han sabido comprender.